lunes, 24 de octubre de 2016

Detrás de un gran caballo

El jefe del servicio veterinario del Hipódromo de Tucumán, Gustavo Raúl Anan, comentó sobre el trabajo que realiza en cada jornada burrera.


Gustavo Anan, doctor veterinario, es el encargado del apoyo en el auxilio de caballos.

Mientras los aficionado del turf se preparan para asistir a la reunión n° 25, el médico veterinario Gustavo Anan ya se encuentra en el campo junto a su equipo, bajo un intenso día de calor. Comienza el control pre competencia. El servicio inicia con la identificación de los caballos, se asegura que estén inscriptos para correr y que tengan la parte sanitaria al día. Es decir la garantía que los equinos no estén enfermos y que ninguno posea anormalidades que los imposibilite a correr o que sean de riesgo, que produzca alguna lesión de carácter evidente en la cancha.

Entre la primera y segunda carrera, el experto de 48 años, se tomó un tiempo para comentar cómo llegó a ser la cabeza del servicio encargado de asistir a los protagonistas en cada corrida. En el año 1986 arribó a la tierra nacional de la agricultura Esperanza, Santa Fe, para estudiar en la facultad de Agronomía y Veterinaria, hoy llamada Facultad de Ciencias Veterinarias, donde egresó en 1993. Luego comenzó con la actividad que hoy mantiene, servicio de clínica en consultorio, donde se dedica a los pequeños animales como perros y gatos; y a la química equina dedicada a la rama de oftalmología. El médico llegó al hipódromo, como ayudante en el 2003 siendo convocado por el jefe, en ese entonces el doctor Miguel Ángel Rivadeneira. Después de 3 años, quedó como responsable del servicio veterinario, por la jubilación de su colega.

Luego de la competencia, el trabajo de Anan consiste, en algunas carreras como el clásico ¨Polla de Potrillos¨ en la realización del control antidoping. Y durante la semana asiste las horas que dura el baleo, para efectuar el control sanitario.

Actualmente el número de caballos para competir fluctúa, hoy habría 300 aproximadamente, recordando que en esta época del año comienzan a ir a Buenos Aires, en busca de otros aires económicos: ¨Al haber tantos caballos los controles sanitarios tienen que estar más o menos ajustaditos para no tener sorpresas de algún brote epidémico o alguna cosa rara¨.

El servicio cierra sus puertas una vez que todos los competidores de la última carrera estén sanos.  El médico explicó: ¨brindamos un apoyo de auxilio de emergencia. Un día normal no pasa nada, cuando hay un accidente se mueve un poco la cosa. Tenemos los elementos para manejarnos, trabajamos con una férula de hierro que la fabricamos nosotros. Esta copiada a un modelo yanqui. Como hipódromo del interior es incomprable, ahora estamos viendo si la podemos cambiar por algo más liviano. Con esta férula sacamos a los caballos que están fracturados a la calle caminando sin ningún problema¨.


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